Cakoni, el Chuky y el Jarry. Tres amigos de Caseros (Por Camel VP)

Un 22 de agosto nació en el Hospital Posadas, Juan Arturo Medina. Se crió en un pequeño asentamiento llamado “Villa de Los Paraguayos” en la localidad de Tres de Febrero. Juancito vivió toda su infancia allí junto a sus amigos, un grupo de 20 jóvenes. Siempre pateaban la pelota en la canchita de la Villa, donde también practicaban rugby y corrían mientras jugaban al “poli-ladrón”. Generalmente  este grupo solía enfrentarse con otra manada de jóvenes de la Villa Carlos Gardel, también conocida como “La Charly”. Sus amigos lo apodaron “El Chucky” no por maldad, sino porque era el más chico de la banda.

Pero los tiempos fueron pasando  y la banda del Chucky se fue separando: con el tiempo los muchachos tomaron caminos distintos. Algunos se mudaron, otros prefirieron otras juntas, algunos fueron quedando y de aquella vieja banda sólo quedaron tres, aquellos que se autodenominaban “hermanos” desde chiquititos: el Chuky, el Jarry y el Cakoni. Éstos últimos a diferencia de Juan ya fumaban marihuana. Siempre andaban los tres juntos, solían ir a las “jodas” del Casero Sur o a las del Fuerte King en Ciudadela. Sin embargo, lo que más le gustaba a este trío era juntarse a beber algunas cervezas, champagne o frizze en la casa de Cakoni, junto a su padre. Amanecían escuchando música y escabiando.

Un viernes como cualquier otro, mientras se preparaban para entrar en la joda, se cruzaron con un conocido que les convidó cocaína. El Jarry y el Cakoni ya conocían ese “mambo” pero el Chucky no. Sus dos colegas le advirtieron que no era buena idea, pero Chucky accedió con curiosidad. Desde esa noche cambió su vida. Dejó la escuela por una pistola, dejó las changas por la delincuencia y así fue pasando el tiempo hasta que una mañana salieron a robar los tres juntos. Como siempre muy confiados se tenían mucha fe entre ellos porque siempre se cuidaron las espaldas mutuamente hasta en las peores situaciones. Se tomaron un colectivo que los llevó a Ramos Mejías y después se tomaron un tren hasta Devoto. Bajaron  del mismo y entraron a caminar.  Allí, advirtieron que un señor de traje estaba estacionado en un Volskwagen Vento color negro con vidrios polarizados. Rápidamente fueron por él, lo apretaron y lo encerraron en el mismo. Lo tomaron de rehén y emprendieron la huída. Cakoni conducía, el Chucky y Jarry lo tenían en la parte de atrás dándole fierrazos y bifes. De inmediato le pidieron la dirección de su casa. El sujeto los guió hasta allí, quedaba a pocas cuadras. Llegaron y estacionaron de modo tranquilo. Entraron a la casa donde se encontraba la esposa quien comenzó a gritar. El Chucky se paró y dijo:

  • “Cerrá la boca porque vuelo a los dos. Dame la plata y nos vamos. Dame las llavés de la casa” exclamó.

La señora le entregó las llaves al Chucky quien seguidamente gritó:

  • Tomá Jarri, cerrá todo bien piola compañero y vos Cakoni, dale vuelta todo el rancho ñeri”.

Ataron a las víctimas. Mientras Cakoni buscaba revisaron todo el hogar pero no encontraban nada hasta que adviertió una baldosa como media salida. La rompió y encontró fajos de billetes, una ametralladora mini uzi y dos pistolas con cinco cajas de balas. Cakoni de una agarró las pistolas y se las colocó en la cintura. La metra la puso en un bolso junto al dinero. Hasta aquí era el robo perfecto. Salieron de la casa y se fueron nuevamente en el Vento.

Siguieron tres cuadras y el Chuky preguntó:

  • y qué onda?
  • Mirá, estamos re coronados guacho!- respondió Cakoni, mientras manejaba y le mostraba sus pistolas.
  • Tomá agarrá una! Le dijo Cakoni al Jarry.
  • La mini es tuya guachín!

Cakoni tenía el control de la situación.

Sin embargo, no todo fue color de rosas. Cuando estaban llegando al paso de Ramos Mejía, sienten unas sirenas y dos patrulleros comenzaron a perseguirlos. Cakoni ya estaba acostumbrado a sensación de adrenalina. Era buen piloto. Llegando al hospital Posadas, la policía comenzó a disparar. Los tres jóvenes respondieron de la misma forma. Se armó una balacera en la persecución. Cakoni estaba más nervioso que nunca pero siguió volanteando y acelerando de cambio en cambio. Encaró por la callé Marconi la cual –como él ya sabía- conducía a la Villa Carlos Gardel. Con la mano en el freno entró al barrio. De pronto a pocas cuadras los chocó de costado un patrullero de la federal que estaba haciendo vigilancia. Rápidamente se bajaron del auto y comenzaron a correr mientras disparaban. Cakoni cuidaba las espaldas, le dio el bolso con dinero al Chucky y la pistola que había “ganado” en el robo. Tomó la Mini Uzi y pudo hacer que los cobanis retrocedieran un poco, lo que les facilitó entrar a la zona del monoblock uno de la villa.

Encararon para el playón. Jarry logró darle a dos policías, pero mientras atravesaba el playón Cakoni sintió tres pinchazos en la espalda: le habían dado tres balazos de llenó. Corrió cinco pasos más y cayó sin fuerzas al piso. Chucky intentó ayudarlo. Se detuvo pero tenía dos opciones: morir con él o irse con una gran suma de dinero. En verdad él prefería morir con su hermano de la villa, pero Cakoni le insistió en que tome la Mini Uzi y se vaya. Para el Chuky fue el peor momento de su vida, mientras corría le pedía a dios que lo saque de esa pesadilla.

La balacera continuó un poco más pero entre monoblocks y pasillos las balas desaparecieron. El Jarry y el Chuky encararon para el monoblock quince, cruzaron la avenida Pedriel y caminaron hasta volver a la Villa. Pasaron por atrás del monoblock siete y en la oscuridad se dieron un abrazo entre lágrimas por su hermano caído.  El dolor les trajo recuerdos imborrables de su inocente infancia juntos.

Al llegar  la villa intentaron buscar la forma de explicarle a la familia de Cakoni lo sucedido pero no la encontraban, pues el sufrimiento de la tragedia era inevitable.  Separaron la mitad del botin como ofrenda y el Jarry tomó el valor de la palabra, golpeó la puerta de Estela, la madre de Cakoni y le contó entre llantos el lamentable suceso. Su madre no lo podía creer. Su padre que escuchaba atento allí atrás se quebró el corazón. A sus sobrinos se les vino el mundo abajo. La familia de Cakoni vivía un infierno, como también sus “colegas” que lo acompañaron hasta sus últimos momentos.

Un día después nadie fue al velatorio de Cakoni. La imagen del cajón era muy fuerte. Sólo lo acompaño su amor del alma que una vez le había dicho: “cuando te vayas te voy a tirar una rosa blanca”. Dicho y hecho. Ella lo quería pero él la amaba.

Pasaron dos años de mucho dolor. Parecía que ya nada tenía sentido. La familia de Cakoni se destruía poco a poco. Su padre se dedicó al alcohol. Su madre no salía de su habitación.  Jarry se entregó a la malicia y a las drogas. Chuky ya no reía y vivía soñando con su gran compañero de la vida.  Una noche intentó gatillarse cuatro veces en su cabeza con la 4mm que le regaló Cakoni y en ninguna salió nada.

Se reposó sobre su cama, se fumo un cigarro y se durmió. Esa noche soñó con Cakoni pero esta vez fue distinto a lo que soñaba siempre, esta vez, Cakoni le pidió que ya no sufra, que él ya estaba descansando en paz, que siga adelante con su hermano que se estaba destruyendo y que cuide a su familia. Chuky se despertó asustado, buscó a su amigo en la habitación, pero se dio cuenta que era un simple sueño. Siguió adelante, pero siempre recordando las palabras de su amigo: “x 100pre junto hermanos”. Retomó fuerzas y le pidió a dios que lo tenga en sus brazos y al Gauchito Gil que lo ayude a seguir adelante.

Un año y siete meses después encanó Jarry. Fue a robar a Munro y se le fue la mano. Chucky lo fue a visitar. Jarry estaba perdido. Chucky le dijo de hermano a hermano que por favor reconsidere su vida, que ya no quería sufrir más. Jarry al verlo llorar se dio cuenta que no estaba sanando su dolor, sino que lo estaba haciendo más grande y que estaba matando a su hermano de la calle. Terminó la visita, se despidieron con un fuerte abrazo y partió.

Chucky emprendió su regreso a la villa. Al llegar se cruzó con los Peñas, una familia bastante grande de la Gardel que le tenían bronca por un viejo enfrentamiento. Los Peña le dispararon un balazo en la pierna y lo golpearon gravemente.  Estuvo al borde de la muerte. Lo salvó un anciano que lo reconoció como de la villa y lo llevó al Posadas. Al llegar al hospital no había camillas y lo trasladaron de urgencia al hospital Carillo. Por suerte todo salió bien y Chucky se recuperó. Jarry se enteró de lo sucedido en una visita de su familia y, con mucha bronca, empezó a hacer maldades nuevamente.

Un 5 de marzo por la tarde, mientras estaba en la recreación, Jarry miraba las noticias hasta que de pronto ve que el noticiero informaba sobre un tiroteo en la Villa Carlos Gardel que había culminado con seis muertos y varios heridos. Prestó atención al televisor. Se acercó y reconoció  por la vestimenta a unos de los cuerpos que la cámara mostraba tendido sobre el asfalto: era el Chuky que en su mano tenía la Mini Uzi que Cakoni le había regalado.  Jarry advirtió que entre los otros fallecidos estaban los Peña. Con bronca cerró sus puños y largó el llanto de su vida.

Y así permaneció diez años en prisión, con el corazón negro pero con los grandes e imborrables recuerdos de sus dos hermanos, a quien le rezó cada una de sus tristes noches. –

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