El día que me convertí en papá. La historia de una paternidad buscada (por Pipi L.)

Lo nuestro comenzó como un juego, allá en el invierno de 2015. Entre mensajes y llamadas nos escondíamos para que nada supiera que nos estábamos viendo. Me acuerdo que tenía 14 años y vos 15. El juego que empezamos nos fue gustando y de a poco nos fuimos encariñando. De ese modo, un día decidimos ponernos de novios y empezamos a mostrar a los demás el cariño que nos teníamos.

En nuestra relación pasamos momentos lindos, salidas que terminaban siendo noches inolvidables, paseos por el shopping y varias cosas buenas. Pero, como siempre, existen las pequeñas discusiones de pareja. Estábamos muy enamorados el uno al otro, pero como yo andaba en la que “andaba” me pasaba más tiempo en la calle que con vos y ahí se embarcaron aun más las discusiones. Sin embargo, como vos sentías muchas cosas por mí, me perdonabas una y otra vez. Y no era boludeces, yo andaba en la mía pero no me daba cuenta lo más que te hacía. Y como vos no entendías mucho, yo seguía aprovechado hasta que me choqué con una pared, allá por la primera del 2016.

Estuvimos separados por un tiempo y nos volvimos a encontrar un año después. Ya estando los dos más grandes y “más pillos”. Me acuerdo que yo venía por la avenida Leon Gallo (La famosa avenida jaja) y vos estabas en la puerta de tu casa. Yo te llamé. Tuvimos una conversación y ahí volvimos a poner en marcho lo que habíamos destruido. Así que volvimos.

Con el tiempo, la relación fue madurando pero yo seguía en la misma y vos ahí al lado, fiel como siempre, queriéndome ayudar. Estaba un poco perdido pero sólo una cosa tenía en claro y fui por ello: un viernes de otoño te propuse formar una familia. Te asombraste, sonreíste pero dijiste que “sí”. Seguidamenteme abrazaste y  me preguntaste:

-“¿Pipi por qué queres tener un hijo siendo tan chico?”

– “Porque quiero formar una familia. En mi vida nunca tuve un padre y quiero formarla para ver y pasar cosas que yo nunca pasé con mi papá” Le respondí.

Vos me entendiste. Así que de a poco empezamos a buscarlo. Éramos plenos y felices, pero no lo encontrábamos. Hasta que un día nos levantamos de la cama y nos dijimos no darle más importancia: “si llega, llegá”.

Y hasta que un día llegó el “gran día”. Recuerdo que te levantaste vomitando y me decías que te cayó mal la comida. Yo no te creía y fui corriendo a la farmacia a buscar un “Evatest” con el Indio, mi amigo.  Llegué a tu casa y te dije que pruebes. A la tarde volví, golpeé la puerta, saliste y me dijiste entre llantos que estabas embarazada. Nos besamos y nos abrazamos de alegría.  Era uno de los días mas felices de mi vida porque iba a tener a mi hijo con la persona que amaba.

Pero nuestra familia no sabía nada, hasta que un día se enteró tu mamá y empezaron los problemas. Ella a mi no me quería y recuerdo que esa tarde nos echó de tu casa. Nos fuimos rápido a la mía. Estábamos sentados en el comedor. Vos estabas llorando desconsoladamente y de pronto apareció mi mamá del pasillo de la pieza y nos preguntó: ¿Por qué lloras Nahia? Le tuvimos que decir que íbamos a tener un hijo. Mi vieja por suerte se puso contenta. En fin, así fue como se enteraron nuestras familias.

Como el problema con tu familia seguía, te viniste a vivir a casa. Éramos tan felices. Recuerdo que una tarde elegimos el nombre del bebé: si era nena “Aitiana Mohaa” y si era varón “Noha Elían”. Pasaron dos meses y fuimos a hacer la primera ecografía al hospital. Nos acompañó mi abuelo. Vimos la eco. Era muy chiquito ese bebito.  Yo lo buscaba por toda la pantalla jajaj.

Pero no todo era color de rosas, a los días caí detenido por problemas penales. Me quería matar porque trataba de hacer las cosas mejor, pero la verdad es que me costaba. Así fue que me llevaron a un instituto de menores en La Plata.

Estuvimos cuatro meses sin vernos. Yo no quería que vengas embarazada. Hasta que un día de visita de vi entrar por el portón de la mano con mi abuela. No podía creer lo grande que estaba esa panza. Esa tarde estuvo genial. La pasamos re bien, comimos canelones, nos reímos un rato y mimábamos a esa pancita donde estaba la personita más hermosa del mundo.

A los dos meses recuperé mi libertad. Vos estabas de ocho meses a punto de partir. Todo era hermoso por cierto. Pero volví a cometer errores: una tarde de diciembre, a las dos semanas, volví a caer detenido….y encima, estuve al borde de la muerte porque me dieron un tiro en el pecho que casi termina con mi vida.

Tirado en el piso y mientras sangraba lo único que pensaba era en mi pequeño hijo que venía en camino….yo pensé que no la contaba. Se me pasaron tantas cosas por la mente ese día, pero por suerte seguí. Ya esposado, me llevaron al hospital.  Me fuiste a visitar,  Hablamos un rato, me retaste y después vos te tuviste que ir. Yo me sentía muy mal. Mi hijo estaba por nacer y yo iba a dejar sola al amor de mi vida en el momento más importante.

Estuve como una semana detenido, pero no aguantaba las ganas de poder estar con ella. Entonces aproveche que el guardia que me custodiaba dormía, me saqué las cadenas y me escapé y fui corriendo a verte…

Cuando llegué, te sorprendiste y nos abrazamos. No nos podíamos para de dejar de mirarnos, de besarnos y decirnos cosas lindas. La pancita esa era lo mejor de mi vida. Pero la policía iba a buscarme así que, pese a que no quería, tuve que dejarla y escaparme.

Pasaron unos días, yo me ocultaba donde podía y nos veíamos a escondidas para que no nos vean los que me buscaban. Hasta que llegó el día más esperado….El 29 de Enero te llevaron al hospital y así nació nuestro querido hijo que tenemos hasta el día de hoy.

Me acuerdo que esa tarde me mandó un mensaje de Facebook tu prima: Pipí anda al hospital que está por nacer tu hijo. Así que dejé lo que estaba haciendo y salí rápido para allá. Habitación 112 no me olvidó más. Cuando llegué tu vieja estaba en la puerta. Me felicitó y entré a la habitación. Estaba re contento pero tenía un miedo terrible. Vos estabas en la cama y me dijiste: “Felicitaciones Pipí, ahí esta tu hijo”. No lo podía creer. Era la cosita más linda del mundo. Lo agarré entre brazos con los ojos llorosos. Lo besé. Había cumplido un sueño, era la figura que yo no nunca tuve: era papá.

Esa noche me quedé hasta las 4 am en el hospital. Volví a dormir a casa, pero al otro día volví a la tarde al hospital. Subí a la habitación junto a tu prima. Y agarré de nuevo a mi hijo entre brazos. La verdad que lo que sentía en esos días era algo muy difícil de describir.  Al rato golpean la habitación y entra un hombre y una mujer vestidos de civil. Yo pensé que era visitas de la chica que estaba en la cama de al lado tuyo. Pero me golpearon el hombro y me dijeron: “Negrito, perdón que interrumpamos, pero nos tenes que acompañar a la comisaría”.

No lo podía creer. Se me vino el mundo abajo. Les pedí por favor que me aguantaran un rato más. Se quedaron un rato en la puerta y a los 15 minutos me volvieron a buscar. Así fue como quedé detenido por última vez.

Hoy ya hace más de un año y seis meses que estoy detenido, causalmente, la misma edad que tiene mi hijo: el pequeño Noha.

La paternidad fue muy buscada…pienso que hoy podría estar muerto. Pero gracias a Dios o a no se quién sigo vivo, va en realidad se a quien, a Noha. El me mantiene vivo…Y de verdad, la paternidad me hizo cambiar la forma de pensar…Hoy valoro cosas que antes no valoraba, hoy tengo un motivo para dejar mi pasado, hoy tengo motivos para escribir y expresar lo que siento.

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